Caminata por el margen

Caminamos bordeando el Aglomerado da Serra, siempre con un horizonte que se escapa: al norte, la línea distante; al sur, el Pico Belo Horizonte. Abajo, la ciudad desplegada como un mapa que se mira con la cabeza inclinada.
En los pies, el parque Mangabeira. Subimos por una calle empinada, donde las casas se abrazan a la pendiente y en la reja del parque se abren puertas con huertas, sillas, canchas, espacios de convivencia: territorios íntimos de la comunidad.
El dibujo acompaña cada paso. Una línea surge del cuerpo —de la respiración, del pulso—; otra nace de la mirada que busca lo distante. Escalas que se entrecruzan: lo que piso y toco y lo que alcanzo con la mirada.
La montaña aparece. Pico Belo Horizonte: ciudad-montaña, me da nostalgia de mi Pichincha. Aquí, los cortes revelan la máquina, el hombre, el mineral. Montañas cúbicas, montañas huecas. Líneas de piedras que recuerdan un pasado natural ya desgarrado.
El camino se tiñe de verde: tupirosas, cuaresmeras, embaúbas, patas de ema. El mundo vegetal, siempre presente, acompaña a la piedra desde hace milenios. Le han arrancado su espacio, pero aún late en los huecos abiertos, en las voçorocas de tierra anestesiada. No está muerta esta dormida de muerte, a la espera de que el verde la despierte.
En el ascenso, una mujer canta frente a un monte de piedras en un gesto de fé. En el regreso, otros se sientan con las piedras en sus manos. Caminar, cargar, ofrendar. Cada piedra se vuelve palabra, cada palabra vínculo, somos paisaje cuando ofrendamos: paso a paso, piedra en mano, palabra ofrecida. Son los caminos de la oración en los bordes del cerro.
A un lado, un hospital antiguo: un panóptico, el hospital de la Valeia. Construido al píe de montaña, como si los enfermos fueran el paisaje de afuera, una arquitectura que ordena, disciplina, educa desde la distancia.
Este dibujo que se compone y después se cuenta aporta al uso y al estilo que propone De Certeau en la retórica del caminante: un relato sensible, trazos que se mezclan entre reflexiones de la mirada y la palabra. No es un mapa técnico, es un relato situado que habla de un lugar. El dibujo es cuerpo que observa y palabra que acompaña: una cartografía íntima de la ruta.










