Caminata Pactoloma - Pacto
La caminata Pacto–Pactoloma se realizó junto a la escuela pública Santa Isabel. Se trató de un ejercicio en el que caminamos docentes, estudiantes de arquitectura, un agricultor paisajista y alrededor de 30 estudiantes de la escuela, cuyas edades oscilaban entre los 9 y 13 años.
Para esta ocasión, el encuentro fue de dos días. En el primero, llegamos a la escuela para presentarnos, conocernos y conversar sobre el dibujo, el paisaje, los árboles, la escuela y todo aquello que cada niño y niña traía a la conversación desde sus propias inquietudes acerca de que hacíamos ahí. En el transcurso del día nos organizamos y, debido al número de participantes, decidimos que cada tres niños utilizarían un Vertikálix. Eran muchos para trabajar individualmente y, además, nos interesaba explorar una forma de caminar y dibujar no solo desde la intimidad del dibujo, sino también desde una práctica compartida, caminante y dibujante. Para terminar la primera jornada, nos agrupamos en seis grupos para explicar el funcionamiento del aparato y experimentar juntos ,alrededor de una mesa, dibujos colectivos mientras e experimentaba el vaiven del rollo en el vertikálix.
Al día siguiente, nos encontramos muy temprano por la mañana en la cancha y plaza central de Pactoloma, ahí nos organizamos, nos reorganizarnos según las conversaciones del día anterior , revisamos nuestra provisiones y todo lo necesario para comenzar nuestra caminata hacia Pacto, el río Piripe, la cascada del gallo de la Peña y por último el grupo de docentes llegamos hasta un petroglifo perteneciente a la cultura Yumbo, la piedra Yumba.
Como registro conservamos los rollos realizados por los niños, donde aparece una mirada propia y sensible sobre sus, viviendas, casas, su pueblo y su flora y fauna. También están presentes las miradas de los estudiantes de arquitectura, quienes acompañaron el recorrido como tutores jutno a las infancias que caminaron. Fue un intercambio donde observamos, escuchamos y aprendimos juntos a lo largo del trayecto.
Ubicación:
Pactoloma
Parroquia rural del Distrito Metropolitano de Quito
Ecuador
Institución:
Observatorio de la Producción del Territorio Ecuatoriano - OPTE
Universidad Central del Ecuador
Escuela primaria Santa Isabel.












001 - Expectativa
Uno y otro esperando del recorrido,
uno y otro receloso de quien los guía,
uno y otro cargando con cada cosa,
uno y otro sonriendo y caminando.
El día comenzó muy temprano, nosotros llegamos tarde y los niños ya estaban ahí, en esa canchita esperando. Me fijé en Rosmery y en Luis, dos niños con los que había jugado el día anterior y a quienes tenía que cuidar y vigilar hasta acabar la jornada. Nos recibieron con un saludo estruendoso y lleno de energía, lo que marco la gran diferencia entre la ciudad y este poblado rural; en la ciudad los autos son los que invaden el paisaje sonoro, nos impiden escuchar lo poco de vida que queda en las calles. Incluso los árboles, esos seres indemnes y estáticos nos esperaban para acompañar nuestro recorrido. Desde los que estaban plantados en parques, con alcorques y bien cuidados, hasta los que se esparcían por el camino, que crecieron sin supervisión alguna y por sus propios medios, nos indicaban la abismal diferencia del horizonte verde de este pequeño lugar y nuestro horrible tono gris en la ciudad.
002 - Conocimiento
Plantas por donde mires,
colores que ya no se ven,
caminos andados y conocidos,
labores y tradiciones ocultas.
Caminamos y caminamos, el asfalto resultaba ser el ser extraño en medio de aquel lugar remoto, nosotros los “profes” también lo éramos para aquellos niños. Y empezamos a hablar, hablar hasta por los codos, decirnos nuestros nombres y a contarnos historias:
- Mi papá tiene vacas, también siembra.
- Nosotros tenemos una moto y un carro.
- Mi hermana es de su edad y ya está casada.
- Tengo un tío que siembra mucha caña
- Por aquí hay muchas serpientes, pero no muerden.
- Esta planta es verde, y esa mandarina. Hay un montón.
Estas dos últimas llamaron mi atención. La ciudad ha perdido su capa verde, su ornitofauna y muchos animales, todos han sido reemplazados por árboles ornamentales, mascotas que acaban con las aves y roedores que se vuelven un dolor de cabeza. Estos pequeños sabían/saben de los peligros que les acechan, de cómo combatirlos o evitarlos, de los árboles con fruto ácido y los que se deben cocinar, de cuando una fruta está madura o cuando un árbol empezó a germinar.¿Cuándo mis sobrinas, unas niñas de la jungla se cemento, aprenderían supervivencia básica si las herramientas y los insumos ya se les fueron dados?
003 - Familiaridad
Casas ocultas por la vegetación,
casas que se ven a lo lejos,
casas coloridas y de materiales diversos,
casas para la lluvia, casas para el sol.
El camino seguía y nosotros tras él. Anduvimos quince/veinte minutos y las primeras edificaciones aparecieron ante nosotros, a los pequeños les resultaban conocidas y muy bellas.
- Ahí vive un tío de mi papá.
- En esa casa venden frutas.
- Los de esta casa nos dejan coger mandarinas.
- Esa reja del cementerio es nueva.
- Parece que esa antena se va a caer.
Bajaban y señalaban, y nosotros tras ellos oíamos y aprendíamos. Los guaguas comentaban que los árboles son generosos y casi siempre están “cargados”, se estiraban para alcanzar algún fruto maduro o arrancar alguna planta que necesitaran. El paisaje era/es de ellos y de este tomaban lo que necesitaran, por este se guían y a este vuelven.
004 - Identificación
Caña, guaba y mandarina,
amarilla, café y verde,
alta, tierna y ácida,
ojos, manos y boca.
Entramos por fin en un camino de tierra, lejos del ruido de los motores. El entorno se prestó para ser visto apreciado, contemplado y protegido. De repente vi a Brittany recolectando guabas y poniéndolas en su mochila de mano, me brindó una entera y la tomé; comimos. Entonces Luis, inquieto y parlanchín, contó que cuando viaja a Guayaquil con su familia lleva frutas por montones para vender, sabía que estas guabas son pequeñas y que si queríamos unas de mayor tamaño tendríamos que adentrarnos por el camino que está atrás de la escuela.
La guadua también les resulta familiar, sabían que de ese material están hechas dos aulas de su escuela. Tenían/tienen muy presente que, si están cortadas y en contacto con el suelo se echan a perder, y que deben cubrirse a sino la lluvia haría su trabajo. ¿Saben cuál es la teoría en la universidad al respecto? Botas y sombrero; y estos pequeños no necesitaron estar sentados en un salón de clases para aprender lo que ponían en práctica.
005 - Convivencia
Mesas, sillas y comida,
un entorno que habla y respira,
pequeñas cabezas que comparten,
pequeñas discordias que se olvidan.
La capacidad de perdonar fácil es de las características que los adultos hemos olvidado, esa ligereza de mente los libera de ataduras que a los mayores nos tienen inmersos en problemas sin sentido. La tarde del día anterior a nuestra travesía, después de finalizada la jornada académica, se armó un partido de fútbol al que fui invitado, me encontré de inmediato rodeado por niñas y niños con la energía/batería suficiente como para dejar en ridículo al mejor de los atletas. Los goles iban y venían, la euforia se sentía en el ambiente y las barras no se hicieron esperar; y mientras yo me quedaba sin un pulmón por estar de allá para acá ellos tenían uno adicional que me hubiera gustado pedir prestado para soportar lo que quedaba del encuentro.
Jaren y Maikel protagonizarían un altercado que, con ayuda de los profes, no escalaría en intensidad. Disgustado el uno y sin saber cómo reaccionar el otro acabó el partido para dar paso al próximo encuentro. Al día siguiente lo habían olvidado, no resultó relevante la discordia previa sino solo la satisfacción de haber corrido y metido goles en la portería contraria. Verlos convivir entre ellos y con la naturaleza fue un espectáculo; saberse protegidos por el otro y por las plantas los tranquiliza, los mantiene ocupados en asuntos más importantes a su corta edad.
¿Qué comeremos hoy?, ¿mis tareas diarias me dejarán tiempo para jugar?, ¿visitaré Quito o Guayaquil?
006 - Acompañamiento
A lo lejos se ve esa cabaña,
es café y de techo inclinado,
no olvides el detalle,
de lo verde, celeste y blanco.
En las grandes urbes la individualidad y la singularidad son el pan de cada día, se abandona la conveniencia común por uno que priorice ciertos intereses, cada uno en las grandes ciudades ve por su bienestar y olvida al “otro”, ese otro con el que se desarrollan, ese otro con el que conviven, ese otro como soporte, ese otro sin el cual se deja de ser.
En el camino se aprende de quienes nos acompañan; en la travesía se fortalecen los lazos de fraternidad/sororidad; en la andanza por los valles, ríos, montañas, selvas y llanuras las perspectivas se intercambias y las visiones se amplían; las redes de trabajo y apoyo se conforman; la ayuda se vuelve un imperativo y el equipo pasa a constituirse como familia.
007 - Riqueza
Pequeño rojo, rojito,
cuidado desde su nacimiento,
en la ciudad se desconoce,
cuanto es que valen tus entrañas.
La industria está ahí, en regresar a ver al campo, a la ruralidad y comprender/aprender lo que en la ciudad hemos pasado por alto, olvidado, ignorado, desechado. Cuando nos contaron del precio del cacao, su producción y distribución me invadió la sorpresa. Pero decirlo así a la ligera me convertiría en irresponsable, todo esto debe ir acompañado de esfuerzo, tiempo, inversión y grandes extensiones de tierra sin las cuales la siembra y la cosecha no serían posibles. Quito está en deuda con el Chocó Andino, le debe demasiado y le exige el doble, ¡qué pobreza de mente la nuestra de dejar de lado esta riqueza natural!
008 - Herencia
Piedras lisas, piedras llanas,
piedras erosionadas y bien cortadas,
de milenios y ancestros predecesores,
de huellas que no han sido borradas.
El fin del camino llega, las voces agudas de los guaguas son reemplazadas por el sonido del agua cayendo y golpeando las piedras, testigos inmóviles de esta historia desconocida por nosotros. Nos contaban días atrás sobre los Yumbos, grupo milenario que nos precedió y del que somos descendientes y herederos; y de una piedra en particular, la “piedra yumba”, que guarda rastros de remolinos, caminos, intersecciones y constelaciones. ¡¿Qué más vigorizantes que empaparse de historia, de legado, de cultura, de misterio, de sospecha, de duda, de creencia, de incertidumbre, de conjeturas, de suposiciones?! Sin duda la mezcla de todos los componentes antes descritos planta en nosotros, en mi particularmente, el deseo de volver, de quedarme, de no regresar a la ciudad, de morir en este pedazo de tierra remoto y excitante.































